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UNA CIVILIZACIÓN VINCULADA AL RÍO TÍBER
El Alto Valle del Tíber, del que Città di Castello es la capital, debe desde siempre sus fortunas al río Tíber. Ya en épocas remotas, este valle fue una tierra fértil e ideal para asentamientos estables y cultivos.
El hombre habita este lugar desde el Paleolítico medio inferior: el hallazgo de palafitos y chozas debajo del actual Iglesia de S.Francesco hace pensar en un primitivo asentamiento de palafafitos en la zona, del que luego se formó la ciudad.
Del Neolítico en adelante, los asentamientos en el territorio son cada vez más sistemáticos y organizados, no sólo en la llanura, sino más bien en los collados cercanos y en los valles formados por los afluentes del Tíber.
Entre finales de la Edad del Bronce y comienzos de la del Hierro, se producen muchos cambios y en el valle se asientan los Etruscos, en las orillas derechas del Tíber, y los Umbros, en las de izquierda. Sin embargo, el río no constituye sólo un confín, sino también un punto de encuentro para defenderse de Roma.
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